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martes, 24 de julio de 2012

Al Silbo Gomero



"Sílbame la sal y el agua, sílbame el pan y las penas, y la libertad que amamos sílbala a diestra y siniestra"

Pedro García Cabrera (Poeta, 1905 - 1981)
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viernes, 17 de septiembre de 2010

Leyendas de Canarias (II): San Borondón, La Misteriosa

La isla Fantasma de San Borondón, es un misterio trasmitido desde generaciones en la zona de las Islas Canarias. Dicen que no hay isleño de Tenerife, La Palma, El Hierro o La Gomera que no haya creído ver alguna vez desde las cumbres de su propia isla.




“Las islas afortunadas” o islas Canarias son siete, pero sin embargo se habla de otra isla, la octava isla. Esta isla fantasma sería la isla de San Borondón o Saint Brandan de Clonfert. Saint Brandan de Clonfert fue un monje irlandés que vivió entre el 480 y el 576 d.C. Es el protagonista de esta misteriosa leyenda de la isla fantasma de Canarias.

Según el poema irlandés, Brendant era un monje de un condado irlandés de Kerry, llamado Tralee. Fue ordenado sacerdote el año 512 d.C. y se marchó junto a otros 14 monjes en una embarcación bastante frágil por el Atlántico. La leyenda narra las aventuras de los monjes, como recogieron otros tres monjes más a lo largo del viaje, como se encontraron con demonios que vomitaban fuego, con columnas de cristal flotante, con criaturas monstruosas de enorme tamaño.



Brendan y su grupo llegaron a una isla y desembarcaron. La isla estaba llena de todo tipo de árboles y vegetación. Los monjes celebraron misa y de repente la isla comenzó a moverse. Se trataba de una gigantesca criatura marina sobre cuyo lomo se encontraban los monjes. Una gran Ballena.

Después de atravesar muchas peripecias Brendan logro regresar a Irlanda. Esta leyenda dio origen a la creencia de que marinos irlandeses debieron alcanzar quizás las costas de Norteamérica, Terranova o Islandia u otras islas del Atlántico Norte en la Alta Edad Media.

Las Islas Canarias son conquistadas en el siglo XV y ya comienzan a contarse los relatos de la Isla Fantasma, la isla de San Borondón. Se contaba que la isla a veces se divisaba al oeste de La Palma, el Hierro y la Gomera. Cuando los navegantes o pescadores intentaban aproximarse a ella y se encontraban a la vista de sus costas, montañas o valles, la isla se veía envuelta por la bruma y la espesa niebla y desaparecía por completo. Esta isla fue relacionada con la mítica isla-ballena de San Brendan, que los canarios denominaron como “San Borondón”.



La leyenda siguió contándose de padres a hijos en la zona. No faltaron los relatos de marinos y navegantes que juraban haber desembarcado en “la isla fantasma”, y haberla recorrido antes de que volviera a desaparecer en le océano.

En algún tratado Internacional firmado por el Reino de Castilla, haciendo referencia a las Islas Canarias se hablaba de la soberanía de Castilla sobre “Las islas Canarias descubiertas o por descubrir” , por si acaso. La isla fantasma fue llamada según distintas versiones de la leyenda como: “Aprositus”, "la Inaccesible”, “Antilia” o “La isla de las siete Ciudades”, haciendo referencia a ciudades fundadas por siete obispos legendarios.

Se creyó a pies juntillas en su existencia, y no faltaron relatos detallados de algún que otro navegante que juraba haber desembarcado en la isla y haberla explorado antes de que volviera a hundirse en el Océano.



Lo cierto es que en los archivos de la Isla de El Hierro, del siglo XVIII aparecen las investigaciones oficiales realizadas por las autoridades de la Isla, en la que decenas de testigos afirman haber visto “La isla fantasma, San Borondón” desde las cumbres del Hierro. A raíz de esto partió de Santa Cruz de Tenerife una expedición en busca de “la isla fantasma”.

La leyenda de la octava isla fantasma, de San Borondón, sigue viva en el folklore popular Canario.

Y tanto es así, que un 18 de Octubre de 2003 volvió a aparecer (una de otras tantas) y llegó a ser filmada. Tanto fue el revuelo de esa filmación que llego a manos de Javier Sierra colaborador en esa época de Crónicas Marcianas, con la que os dejo.



Hasta la próxima :)
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Leyenda de Canarias (I): Gara y Jonay


Cuenta la leyenda que en la isla de La Gomera existían, entonces, siete chorros de los que emanaba agua mágica y cuyo origen nadie conocía. Los siete nacían en siete puntos distintos de los adentros de la isla sin que nadie hubiese descubierto nunca su origen secreto. Siete charcos formaban los siete chorros y siete virtudes ofrecían a los que de ellos bebiesen. Y era costumbre que, cuando llegaban las fiestas del Beñesmén, las jóvenes gomeras juntasen agua de cada uno de los siete chorros en un pequeño estanquillo hecho a base de beas, musgos y yedras. Antes de que el sol rayara, miraban su rostro en el agua y si la imagen era calma y clara, ese año encontrarían pareja, más si el reflejo era turbio o lo empañaban las sombras, la desgracia aguardaba como aguarda sigilosa en su tela la araña.

Ocurrió un año que, aproximándose las fiestas de Beñesmén un grupo de jóvenes gomeras casaderas acudieron a los famosos Chorros de Epina, para juntar agua de cada uno de ellos en un pequeño estanque, y mirarse luego en él. Entre ellas se encontraba Gara, princesa de Agulo, que esperaba ansiosa el momento de descubrir lo que le deparaba el destino. Entre risas, se acercó y reflejó su bello rostro sobre el mágico elemento. Al principio le devolvió una imagen tranquila y perfecta, pero luego, ante su sorpresa, surgieron sombras y la silueta comenzó a agitarse, apareciendo, de pronto, en medio de todo, un sol abrasador que borró todo movimiento.

Gerían, el sabio del lugar y encargado de interpretar los símbolos mágicos, hizo a la dulce Gara una advertencia:

- "Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego, Gara, o el fuego habrá de consumirte".

Así habló Gerián, el que rompía gánigos con la mirada, el que veía lo que a otros ojos quedaba oculto. Gara guardó silencio, intentando ocultar sus temores y no dándole importancia, pero el extraño presagio corrió de boca en boca, llegando a todos los que la conocía.

Arribaron los Menceyes y nobles de Tenerife, la isla vecina, a las playas de La Gomera para compartir las fiestas del Beñesmén. Al Mencey de Adeje le acompañaba su hijo Jonay, joven fuerte y diestro en cualquier competición, que no tardó en distinguirse en las luchas con los banotes, en la esquiva de guijas, en la alzada de pesos y en las otras competiciones y juegos en que tomaba parte. Gara lo contemplaba. Como acude la sangre a la herida o como el mar refleja el cielo, inevitablemente, se descubrieron y se enlazaron sus miradas. No pudieron impedir que el amor les alcanzase. Así lo hicieron saber a sus padres y así, para añadir más jubilo a la alegría de las fiestas, fue hecho público su compromiso.


Apenas se propagó la nueva, inesperadamente el mar se pobló de destellos y se cuajó el aire de estampidos y ecos prolongados. Echeyde (infierno) o Teide, el gran volcán de Tenerife, arrojaba lava y fuego por el cráter. Tanta era su furia que desde La Gomera podían divisar las largas lenguas encendidas estirándose desde la cima hacia lo alto. Entonces fue cuando recordaron el augurio del viejo Gerián, el aojador, que comenzó a tomar forma:

- "Gara, princesa de Agulo, el lugar del agua; Jonay, puro fuego, procedente de la Isla del Infierno..."

Aquel amor era imposible. Sólo grandes males podían sucederse si no se separaban. No cabía opción y las propias familias de ambos se encargaron del resto. Rota la unión, calmó su furia Echeyde y de nuevo se encerró el fuego en sus adentros de piedra. Concluyeron las fiestas del Beñesmén y, sin peligro ya en la isla, regresaron a Tenerife los Menceyes y nobles que habían ido a La Gomera. Mas Jonay no podía olvidar a Gara. Un peso infinito, como un quebranto interminable, lo doblegaba y lo desvivía. Necesitaba volver a verla, tenerla a su lado pese a las prohibiciones, pese a la maldición que sobre ellos se cernía.


Cuenta que Jonay, desesperado, se lanzó al mar en medio de la noche, para nadar hasta la playa de su amada. Dos vejigas de animal infladas atadas a la cintura le ayudaban a flotar cuando las fuerzas se le agotaban. Larga fue la travesía y ya con las primeras luces del alba llegó a su destino. Furtivamente fue en busca de su amada, y, al encontrarse de abrazaron apasionadamente. Pasados unos momentos, escaparon por entre los montes de laurisilva hasta refugiarse en El Cedro, donde se entregaron al amor y la pasión.

Enterado el padre de Gara de la huida de su hija con Jonay, no tardó en salir furioso en su busca. Reunió un numeroso grupo de hombres y no tardaron en encontrarlos. Los hallaron fundidos, amándose, y cuando los jóvenes se percataron de su presencia, buscaron lo que creyeron la única salida posible... Jonay con su tabona, afiló los extremos de una recia vara de cedro y la colocó entre su pecho y el de Gara, uniendo sus corazones, fue su aliado mortal. Mirándose a los ojos, prometiéndose amor eterno, se apretaron el uno contra el otro, traspasándose y dejándolos unidos para siempre.

Desde ese entonces, ese lugar donde quedaron unidos para siempre, dan nombre a la cumbre más alta de la Gomera y al Parque Nacional del Garajonay.
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